Occidente pierde el pulso en África | Internacional
A Malick Seck le gusta salir temprano de su casa para escapar de los atascos. Funcionario del Gobierno senegalés, recorre cada día 35 kilómetros para llegar a su oficina, situada en la nueva ciudad de Diamniadio, a las afueras de Dakar. Tras dejar atrás el Museo de las Civilizaciones Negras y el Gran Teatro, financiados por China, se sumerge en el fragor de la autopista de peaje construida por una empresa francesa. Absorto en sus pensamientos, atraviesa una urbanización levantada por una compañía india y vislumbra, a poca distancia, el perfil del enorme estadio de fútbol despachado en apenas dos…
