La diplomacia israelí se revuelve contra los matices sobre la guerra | Internacional

“Netanyahu no quiere amigos, sino aliados incondicionales. Su filosofía es: o estás conmigo o contra mí. No admite matices”, se quejan fuentes gubernamentales españolas. El primer viaje de Pedro Sánchez a Israel y Palestina concluyó el viernes con un choque diplomático sin precedentes entre los dos países. El primer ministro israelí reprochó al jefe del Gobierno español y a su compañero de gira, su homólogo belga, Alexander De Croo, que no condenaran los “crímenes contra la humanidad” de Hamás, aunque estos lo habían hecho hasta la saciedad.

Como si quisiera avalar las acusaciones israelíes, la milicia islamista que controla Gaza y al que la UE ha incluido en la lista de organizaciones terroristas, difundió el sábado un comunicado en el que elogiaba la “clara y audaz” postura de los mandatarios belga y español. También subrayaba la disposición de Sánchez a reconocer unilateralmente al Estado palestino si los Veintisiete no dan ese paso. El ministro de Exteriores israelí, Eli Cohen, que ya había acusado a los dos mandatarios europeos de “apoyar el terrorismo”, calificó el agradecimiento de Hamás de “vergonzoso e ignominioso”. “No olvidaremos quién nos apoya en estos tiempos y quién apoya a una organización terrorista asesina que mantiene a más de 200 rehenes”, escribió en la red social X.

El ministerio de Cohen convocó el mismo viernes a los embajadores de España y Bélgica para trasladarles su protesta, mientras que Madrid y Bruselas hicieron lo propio con los respectivos embajadores israelíes para quejarse por unas declaraciones que el jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, tachó de “falsas e inaceptables”. La cita con la embajadora en España, Rodica-Radian Gordon, se retrasó a la semana próxima, ya que esta aún no ha regresado de Israel.

Se trata del último desencuentro en la relación entre dos países que no establecieron relaciones diplomáticas hasta 1986, con el Gobierno de Felipe González. La dictadura franquista no reconoció al Estado de Israel tras su nacimiento en 1948 y mantuvo una política exterior proárabe, con el telón de fondo de su aislamiento internacional (solo parcialmente roto con su entrada en Naciones Unidas en 1955, de mano de Estados Unidos, tras los acuerdos bilaterales de defensa) y el rechazo que generaba el Estado judío tanto en sus sectores más católicos y cercanos al fascismo como en parte de los más tecnocráticos. Israel tampoco olvidaba el alineamiento de Franco con los nazis en la Segunda Guerra Mundial y, de hecho, votó en contra de la admisión de España en la ONU.

La llegada de la democracia aumentó los contactos, aunque los gobiernos de la UCD mantuvieron la línea de cercanía a los palestinos. El entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, recibió al mítico rais Yaser Arafat en La Moncloa en 1979. Fue el pragmático González con quien España e Israel establecieron unos lazos ―en coincidencia con la entrada en la entonces Comisión Económica Europea― que han vivido otros episodios de tensión, como en la Presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero por sus críticas a la ofensiva Plomo Fundido en Gaza, en 2008-2009, que dejó más de 1.400 palestinos muertos.

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La airada reacción de Netanyahu y su ministro de Exteriores sorprendió al Gobierno español, que asegura que Sánchez dijo el viernes en Rafah, en la frontera de Gaza con Egipto, lo mismo que había dicho cara a cara en Jerusalén a su primer ministro. Fuentes diplomáticas israelíes alegan, sin embargo, que Sánchez dio una nueva vuelta de tuerca a sus críticas, al hablar de “matanzas indiscriminadas de civiles”; y apostillar, tras haber dicho que Israel tiene derecho a defenderse de Hamás, pero respetando el derecho internacional: “No está siendo el caso”. Las fuentes israelíes subrayan la “inoportunidad” de unas palabras pronunciadas el mismo día y en el lugar por el que estaba previsto que salieran los primeros 24 rehenes de Hamás liberados tras 48 días de cautiverio. Además, concluyen, “llueve sobre mojado”.

El jueves, la Embajada de Israel en Bruselas ya anunció que, por vez primera, dejará la silla vacía en la reunión interministerial que este lunes celebra en Barcelona la Unión por el Mediterráneo (UPM), el foro que reúne a los países de la UE ribereños con del sur. Israel consideró una encerrona que se cambiara el orden del día para abordar la situación de Gaza, mientras que España y otros países alegaron que no se podían debatir sobre cooperación técnica y mirar para otro lado ante la tragedia que se está produciendo en la orilla oriental de dicho mar.

Lo habitual es que, en las entrevistas entre mandatarios, los respectivos gabinetes den una versión edulcorada de su contenido o permitan la difusión del saludo inicial. Sin embargo, el Gobierno israelí ha hecho público el discurso que Netanyahu dirigió a Sánchez y De Croo, quizá porque su destinatario principal no eran sus invitados, sino la opinión pública. El primer ministro israelí presentó a Hamás como el mal absoluto, lo homologó a Hitler y, aunque aseguro que su objetivo ―al contrario que el de la milicia yihadista— es minimizar las bajas civiles, alegó que estas resultan inevitables en la guerra, sobre todo si el enemigo las utiliza como escudos humanos. “No sé cómo habría sido la historia si hubiera habido protestas contra las víctimas civiles alemanas cuando los aliados combatían a los nazis”, les dijo. “Vuestros valores no se mantendrán si no estáis dispuestos a luchar por ellos”.

Fuentes diplomáticas alegan que Netanyahu quiere que sus aliados se mantengan a su lado, incluso si el número de víctimas civiles palestinas resulta ya “insoportable”, como le dijo Sánchez. Pero las declaraciones de este, aseguran, son solo el pretexto, no la causa, de la crisis diplomática. Lo que de verdad separa a ambos gobiernos es la estrategia: mientras España reclama un alto el fuego humanitario, Israel solo admite pausas temporales a cambio de la liberación de rehenes y considera que detener la guerra antes de exterminar a Hamás sería una derrota. Además, Netanyahu rechaza de plano la conferencia internacional de paz que promueve España para Oriente Medio. Su estrategia, exitosa en los últimos años, ha sido pactar bilateralmente la paz con los países árabes soslayando a los palestinos. Mientras más apoyos reciba la conferencia de paz ―ya ha obtenido el de la UE, la Liga Árabe y la Conferencia Islámica—, más incómodo resulta su promotor, Pedro Sánchez, para el primer ministro israelí.

Consenso en la UE

Hace justo un mes, otras declaraciones, las de Antonio Guterres, secretario general de la ONU, indignaron a Israel, que abrió una crisis diplomática con la organización. El máximo responsable de Naciones Unidas condenó en un discurso los atentados de Hamás, pero también aludió a las raíces del conflicto. “Los ataques de Hamás no han salido de la nada. Los palestinos viven una ocupación sofocante desde hace 56 años, su tierra ha sido devorada poco a poco por asentamientos, y sus esperanzas de una solución política se han desvanecido, pero sus reivindicaciones no pueden justificar los ataques de Hamás ni el castigo colectivo a la población palestina [como respuesta israelí]”, dijo. Guterres, que denunció las “claras violaciones del derecho internacional constatadas” en Gaza, reclamó “un alto el fuego humanitario inmediato para remediar un sufrimiento épico”. Israel pidió entonces la dimisión de Guterres y amenazó con denegar los visados al personal de la ONU.

Sánchez salió en defensa tajante de Guterres en ese momento. Junto a un Macron más suave, fue el único líder de la UE en condenar la represalia israelí a las palabras del máximo responsable de la ONU. En realidad, el presidente español se mantiene en la posición consensuada por la UE —Israel tiene derecho a defenderse de los brutales ataques de Hamás, siempre que respete el derecho internacional—, pero es cierto que nadie ha sido tan claro como él y su homólogo belga. Ambos países son los más exigentes hacia Israel en la UE, junto con Irlanda y Luxemburgo. Mientras que Alemania, y sobre todo Austria y República Checa, se oponen a cualquier llamamiento a un alto el fuego que puede incomodar a Netanyahu.

La primera en acudir a Israel fue la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el mismo día que el ejército israelí iniciaba el asedio a la Franja. Su defensa del derecho de Israel a responder al ataque de Hamás, sin citar el respeto al derecho internacional, le valió una cascada de críticas no solo de socios europeos sino de países árabes y del llamado sur global.

Antes que Sánchez, visitaron Israel numerosos mandatarios de la UE, como la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que comparó a Hamás con el ISIS, el canciller alemán, Olaf Scholz, o el presidente francés, Emmanuel Macron. Estos dos últimos mencionaron la necesidad de respetar el derecho humanitario, pero el primero que dijo, como Sánchez, que Israel no lo estaba respetando fue el alto representante para Política Exterior y Defensa de la UE, Josep Borrell, quien dejó claro que dejar a una población civil sin electricidad, medicinas o alimentos es contrario a la legislación internacional.

Aun así, Occidente está elevando el tono hacia Israel y las capitales reclaman (antes en privado y ahora en público) un alivio en los bombardeos sobre la Franja. Macron pidió ya hace dos semanas un alto el fuego y dijo que los bombardeos que matan a “bebés, mujeres, ancianos” no tienen “ninguna legitimidad”. Mientras, la Administración de Joe Biden no habla de alto el fuego, pero ha presionado a Israel para que permita la entrada de ayuda humanitaria a Gaza e instado a que acote sus ataques. También el nuevo ministro de Exteriores de Reino Unido, David Cameron, reveló el viernes a la BBC que ha pedido a las autoridades israelíes que respeten el derecho internacional humanitario y ha dicho que el número de víctimas civiles es demasiado alto.

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