Quién es El Gordo Leonard, el fugitivo de la ley que Estados Unidos canjeó por Alex Saab | Internacional

El Gordo Leonard, probado artista del engaño, cayó esta semana en una trampa. Las autoridades venezolanas le hicieron pensar que su libertad estaba cerca, y el antiguo contratista militar, protagonista de uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia de la Armada estadounidense, así se lo hizo saber a su madre. Lo iban a soltar y pronto estaría con ella, le dijo.

Sus carceleros le hicieron creer esa mentira para impedirle impugnar una decisión de alto voltaje diplomático y político: el canje negociado en secreto durante meses entre Venezuela y Estados Unidos que permitió regresar a Caracas convertido en un héroe a Alex Saab, presunto testaferro del presidente Nicolás Maduro.

Leonard Glenn Francis formó parte del paquete que Washington exigió a cambio de Saab. El resto de compromisos incluía la expatriación de 10 ciudadanos estadounidenses, seis de los cuales estaban “injustamente detenidos” en el país latinoamericano, según la Administración de Joe Biden; la liberación de 21 venezolanos opositores al régimen chavista y la revocación de tres ordenes de arresto contra otros tantos disidentes.

Conocido en los hoteles de lujo de Singapur, Kuala Lumpur o Hong Kong como Fat Leonard, El Gordo Leonard, por su enorme figura (de 1,87 metros de estatura, llegó a pesar más de 200 kilos), Francis cayó en que había sido engañado cuando ya era demasiado tarde. Según The Washington Post, que reveló jugosos detalles de su extradición, creía que lo estaban soltando para poder someterse a tratamientos médicos, urgentes para él. También, que sería libre para final de año. Finalmente, se vio en el islote de Canoan, perteneciente a la república de San Vicente y las Granadinas, en el Mar Caribe, cuyo Gobierno es aliado de Venezuela. Allí fue también adonde mandaron a Saab desde Miami.

Alex Saab deja el Palacio Miraflores en Caracas junto a su familia y a Nicolás Maduro, el miércoles, tras su liberación en un canje de preso. LEONARDO FERNANDEZ VILORIA (REUTERS)

Tal fue la notoriedad que por sus acciones delictivas alcanzó durante la década pasada este adinerado ciudadano malasio, que el hecho de que Washington se cobrarse su cabeza en el intercambio con Saab se llevó muchos de los titulares de la prensa estadounidense; titulares de medios que definieron a Saab, que fue extraditado en 2021 de Cabo Verde, en la costa noroeste de África, como “un diplomático venezolano acusado de lavado de dinero en Florida”. Como contratista de defensa, Leonard estafó, según la Fiscalía, 35 millones de dólares (unos 32 millones de euros) a la Séptima Flota de la Armada estadounidense, desplegada en el Pacífico, entre 2006 y 2013.

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Sobornos con dinero y artículos de lujo

Lo detuvieron ese año en San Diego, adonde lo atrajeron las autoridades estadounidenses con otro engaño: le hicieron creer que lo esperaban unos almirantes con jugosos negocios que ofrecerle. Un centenar de agentes participó en la operación. Se declaró culpable en 2015 de sobornar a “montones de oficiales”, y de conspirar para cometer soborno y para defraudar a los Estados Unidos. Con sus delaciones, trató de llevarse por delante consigo a unos 600 miembros de la marina. Más de 30 se declararon culpables de esos delitos. Cinco marineros fueron sometidos a consejos de guerra, siete almirantes resultaron censurados y la investigación determinó que decenas de oficiales habían violado la ley.

En 2022, Leonard se zafó de un arresto domiciliario en San Diego, donde le dejaron vivir vigilado mientras esperaba a cumplir una condena de 25 años de cárcel. Para fugarse, rompió la tobillera con la que lo tenían geolocalizado. Viajó primero a México y pasó por Cuba. Dos semanas después, lo detuvieron en el aeropuerto de Caracas, cuando estaba a punto de tomar un vuelo rumbo a Rusia, país en el que había solicitado asilo. Como las relaciones diplomáticas entre Washington y Caracas están interrumpidas, las autoridades estadounidenses no pudieron tramitar su extradición.

Según la sentencia, en los tiempos en los que El gordo Leonard, de 59 años, se dedicó a la gran vida del crimen, sobornó con dinero en efectivo (al menos medio millón de dólares), prostitutas, viajes y regalos como “costosas cajas de puros cubanos y lechones españoles” a una treintena de funcionarios de la Marina para que lo ayudaran en sus operaciones fraudulentas, que le costaron a la Armada decenas de millones de dólares.

Al frente de su empresa, Glenn Defense Marine Asia, obtenía contratos presentando proyectos con presupuestos tan bajos que resultaban irreales, pero que lograban su objetivo: anular a sus competidores en los concursos. Después venían más sobornos para colocar facturas falsas que acababan engordando el dinero que recibía muy por encima del precio aceptado en origen. A cambio de sus regalos, también obtenía material clasificado sobre movimientos de barcos y submarinos estadounidenses, datos sobre contratos confidenciales, y chivatazos sobre investigaciones policiales en marcha. Toda esa información le servía para lucrarse.

Según relató el periodista de investigación del Post Craig Whitlock, también ordenaba “descaradamente a sus topos [en la Armada] que redirigieran portaaviones a puertos que controlaba en el Sudeste Asiático para poder estafar más fácilmente a la Marina por servicios como combustible, remolcadores, barcazas, alimentos, agua y eliminación de aguas residuales”.

El jueves pasado, Leonard ya estaba en Miami, a la espera de ser enviado de nuevo a San Diego. Allí lo aguarda, casi nueve años después de declararse culpable, su sentencia. Pero esta vez tendrá que esperarla a la sombra, en una prisión federal.

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